¡¡¡Gracias!!!
Hace ya algún tiempo que no escribo en este espacio. El mismo tiempo que llevo divagando qué escribir, qué mensaje lanzar, qué es digno de ser embotellado … la verdad es que tengo a la cola muchas posibles entradas, algunas basadas en reflexiones y curiosidades, pero la mayoría cargadas de cabreo e indignación, tantas que hubiese eutrofizado las aguas de este océano cibernético, y no quiero ser cansino.
Un hecho acaecido esta misma tarde me ha llevado a recordar y a poner en primer lugar un mensaje que merecía ver la luz hace ya algún tiempo, es una entrada de agradecimiento, quizás esta sea una medida económica para devolver la deuda contraída, pero es la menos mala que ahora tengo en mis manos, o para ser más precisos, en mis dedos. No voy a decir para quien o quienes son mis agradecimientos, ni el motivo que me ha llevado a darlos hoy. Eso, querido naufrago, me pertenece a mi.
Hay personas que en ocasiones te demuestran que la magia existe, que cuando uno cree que los conejos se han extinguido por la mixomatosis, van y con un cariñoso gesto los sacan de su particular chistera y, aún mejor, que cuando uno quiere algo con todas las fuerzas, a pesar de poder ser casi una utopía, van y lo convierten en realidad. Hoy he sido beneficiado por uno de esos trucos, hoy tengo mi particular conejo, mi utopía hecha realidad.
Los que me conocen un poco saben que me encanta la magia, creo que el mago es una persona generosa, que pone brillo en los ojos necesitados de sorpresas y que pone sonrisas en los rostros ávidos de alegrías.
Últimamente me he parado a pensar en la generosidad, y una de las conclusiones a las que he llegado es que puede ser muy cruel con el que se beneficia de ella y no tiene la capacidad de devolver lo recibido. Tengo la suerte de tener a mi lado a gente muy generosa, en ocasiones, más que generosas abnegadas con algunas de mis causas. En la mayoría de las ocasiones supone una enorme responsabilidad saber que tienes a personas dispuestas a poner la mano en el fuego por ti, a pesar de que, en ocasiones, tengan que dejarse la piel por el calor de las brasas, mientras mantienen la sonrisa en la cara.
El simple hecho de no haber dado las gracias hasta ahora demuestra que no he estado a la altura y por ello pido disculpas, aunque he de reconocer que nunca he sido el mago generoso que has sido tú.
Gracias
Hay personas que en ocasiones te demuestran que la magia existe, que cuando uno cree que los conejos se han extinguido por la mixomatosis, van y con un cariñoso gesto los sacan de su particular chistera y, aún mejor, que cuando uno quiere algo con todas las fuerzas, a pesar de poder ser casi una utopía, van y lo convierten en realidad. Hoy he sido beneficiado por uno de esos trucos, hoy tengo mi particular conejo, mi utopía hecha realidad.
Los que me conocen un poco saben que me encanta la magia, creo que el mago es una persona generosa, que pone brillo en los ojos necesitados de sorpresas y que pone sonrisas en los rostros ávidos de alegrías.
Últimamente me he parado a pensar en la generosidad, y una de las conclusiones a las que he llegado es que puede ser muy cruel con el que se beneficia de ella y no tiene la capacidad de devolver lo recibido. Tengo la suerte de tener a mi lado a gente muy generosa, en ocasiones, más que generosas abnegadas con algunas de mis causas. En la mayoría de las ocasiones supone una enorme responsabilidad saber que tienes a personas dispuestas a poner la mano en el fuego por ti, a pesar de que, en ocasiones, tengan que dejarse la piel por el calor de las brasas, mientras mantienen la sonrisa en la cara.
El simple hecho de no haber dado las gracias hasta ahora demuestra que no he estado a la altura y por ello pido disculpas, aunque he de reconocer que nunca he sido el mago generoso que has sido tú.
Gracias
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