Y diez años después se coronó a un nuevo rey.
Esta entrada llega con ocho meses de retraso, debía encontrarse en algún rincón de mi desamueblada cabeza desde entonces, algunos ya sabían de su existencia sin que esta existiera, al menos en el mundo terrenal. Este post es una deuda, es una asignatura pendiente, es un mensaje que embotello para que se lo encuentre algún joven en una de esas excursiones que hacen a la playa cada verano.
Y es que hace ocho meses los Jóvenes Belitres celebraron la llegada a esa meta volante que es alcanzar la primera década de existencia, aclarar para los no aficionados al ciclismo, que una meta volante es una meta que el pelotón se encuentra a lo largo de la etapa, que permite conseguir puntos y que sirve para dar aliento al que la consigue, todo ello sin olvidar que la etapa continúa y que para alcanzar el medallero hay que seguir pedaleando duro. Y fue en ese momento de alcanzar esa meta volante, cuando volví la cabeza atrás y me puse a recordar cada pedalazo que les ha traído hasta ella.
Siempre he situado el comienzo de esta historia en los meses de agosto y septiembre del año 2003. Entre el estrés de los exámenes de septiembre y la nostalgia de otro verano que se escapaba y que nos condenaba a la rutina de los meses en los que el pueblo entraba en modo hibernación hasta el siguiente verano, con ligeros paréntesis en Navidad y Semana Santa. En aquel momento, algunos pensaban que había que inventar alguna “cosa” que inyectara ilusión continua a lo largo de todo el año por tener actividad en cortos plazos, motivos para irse del pueblo con la idea de que en breve hay que apañárselas para volver porque algún motivo lo merece. Esa “cosa” es lo que meses después se dio en llamar Asociación Juvenil Los Belitres.
Conviene recordar el tipo de gente que divagó sobre este tipo de circunstancias. Eran personas que tenían la firme convicción de que existía una conspiración interplanetaria por la que nuestra Selección de Fútbol no pasaba jamás de cuartos de final, personajes que no se habían corrido nunca una fiesta en una romería local, porque esta no existía entonces, que dudaban si el Papa Juan Pablo II era eterno o es que iba a pilas, que creían que el entonces Príncipe de Asturias iba a quedar para vestir santos y ver telediarios y que ganar Eurovisión era más difícil que ver el sol de noche. Quién les iba a decir que diez años después, España haya ganado dos Eurocopas y un Mundial, que gracias a sus esfuerzos hoy la romería es una fiesta de referencia de todos sus vecinos, que aquel Papa cercano a los jóvenes, no sólo se nos fue sino que ¡¡hemos conocido a otros dos!!, que el Príncipe encontró en los Telediarios motivos para ser Rey y que Eurovisión … ummm ummm ummm la verdad es que creo que he visto el sol de noche en alguna ocasión.
Los primeros pasos se dieron con enorme ilusión y con el sentimiento de responsabilidad que suponía crear una herramienta que nacía para quedarse, que tenía que ser útil para la generación que la creaba y para las venideras. Las primeras convocatorias fueron todo un éxito, se eligieron a los que comenzarían dirigiendo el cotarro, se fijó el nombre, la cuota y poco después la imagen corporativa, el buitre. Ese buitre de pose pasota pero con tintes de compromiso, ese bichejo achuchable y con un encanto especial que, de alguna forma, su autor le impregnó. Quizás ese autor, con toda la intención, le dejó prestada un poco de su enorme personalidad. Fue el más valioso regalo que nos pudo dejar, cosas que salen del corazón de los artistas. Por eso, hoy le pediría a los que llevan las riendas de “la cosa” que lo pongan todo patas arriba, que no tengan miedo a cambiar pero que, si no es mucho pedir, no me toquen al buitre.
A pesar del tiempo que ha pasado, para alguno de los que iniciaron esta aventura quedaba un objetivo por cumplir, en realidad este es otro de los motivos que me ha llevado a escribir, aparte de los mencionados, es el hecho de comprobar que la misión está cumplida. Cuando se arrancó, algunos eran conscientes de que existía un arma de doble filo, el efecto novedad, ese efecto garantizaba el éxito de la mayoría de las cosas, pero tenía el peligro de caer en la desgracia en la que caen las modas, es decir, que solo fuera una herramienta útil para los que la crearon. Es por ello que ahora observo con satisfacción como una nueva generación ha tomado en pleno el volante de los jóvenes belitres, cómo le han encontrado utilidad a “la cosa” adaptándola a sus nuevas necesidades y a las nuevas necesidades de su pueblo. Me lleno de envidia cuando hablo con algunos de ellos, y veo como brillan sus ojos mientras me cuentan los proyectos que tienen, cuando compruebo que están comprometidos y entregados a la causa, que han inyectado combustible a la ilusión de todos, que han dado un paso de gigante en la consolidación de esta asociación de jóvenes.
En este país los éxitos, cuando se reconocen, suele ser a título póstumo, quizás en eso sea extranjero, pero quiero deciros, a los que trabajáis por continuar el camino, que os admiro, que los cuestionarios, las fiestas temáticas, las ferias de abril y cada ocurrencia que tenéis y lleváis a buen puerto es vuestra aportación a enriquecer vuestro pueblo, que lo estáis haciendo genial y estoy seguro que en ocasiones os cuesta una barbaridad, pero todo ello os hace grandes. Que nadie os robe el aliento, que nadie os mine la ilusión. Sois unos maestros que no debéis olvidaros de disfrutad del momento porque es vuestro momento.
Suerte, ilusión y larga vida a la Asociación Juvenil los Belitres

Comentarios
Publicar un comentario